Everything that moves generates a sound, and time does not stop.
I feel the noise it makes with every photograph I take.

It is the echo of a cry, the nostalgia of observing the precise instant
in which a present moment becomes a memory.

Feel free to navigate through these random -but loved- memories turned into a digital visual diary.

A poppy

in the wind.

dancing

Casa.

El atardecer, el invierno y la vejez comparten una misma condición. Los tres suponen el fin de un ciclo. La analogía entre lo microcósmico y lo macrocósmico es completa en este caso. Sin embargo, es significativo cómo afrontamos de manera diferente el final del tiempo en las tres situaciones. El primero casi lo esperamos, nos embelesa, nos fascina cuando nos transporta a un lugar entre el sentimiento y el espíritu; el segundo lo sufrimos, lo padecemos o, quejándonos, lo toleramos entre toses y carraspeos; por contra, al tercero deseamos eludirlo como sea, queremos huir, aún sabiendo que es inevitable.
Y, no obstante, es cuando más nos acercamos a nuestro Yo más completo.

Everything that moves generates a sound, and time does not stop.
I feel the noise it makes with every photograph I take.

It is the echo of a cry, the nostalgia of observing the precise instant
in which a present moment becomes a memory.

Feel free to navigate through these random -but loved- memories turned into a digital visual diary.

A poppy

dancing

in the wind.

Casa.

El atardecer, el invierno y la vejez comparten una misma condición. Los tres suponen el fin de un ciclo. La analogía entre lo microcósmico y lo macrocósmico es completa en este caso. Sin embargo, es significativo cómo afrontamos de manera diferente el final del tiempo en las tres situaciones. El primero casi lo esperamos, nos embelesa, nos fascina cuando nos transporta a un lugar entre el sentimiento y el espíritu; el segundo lo sufrimos, lo padecemos o, quejándonos, lo toleramos entre toses y carraspeos; por contra, al tercero deseamos eludirlo como sea, queremos huir, aún sabiendo que es inevitable.
Y, no obstante, es cuando más nos acercamos a nuestro Yo más completo.

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